Recordemos ahora nuestra infancia, tantas y tantas veces que nos hemos caído o nos hemos golpeado con algo. En la mayoría de los casos había una madre o abuela justo a tiempo para acariciarnos la zona afectada y, ¡oh sorpresa! El dolor remitía. Incluso en la edad adulta es habitual, casi instintivo, llevarse una mano […]
